Reseña histórica de la Capilla San Miguel Arcángel
(Relato de Ramona Maidana de Ramirez)
Soy catequista desde hace muchos años. Siempre tuve a mi cargo los niños que se preparan para su Primera Comunión. Es un apostolado que me ha dado tanta alegría.
Vine de Las Marías a vivir en Virasoro en 1995.
Un buen día, estando en una charla en la Parroquia San Antonio de Papua, nos comenta el Padre Rubén Darío Ruiz Mainardi, entonces Párroco, que Virasoro había crecido mucho y que a la gente de los barrios se le hacía difícil ir hasta el centro de la ciudad para participar en la Santa Misa y para enviar a sus hijos al catecismo. Entonces, nos propuso que rezáramos mucho y que nos organizáramos a fin que en varios sectores se pudiera llegar a tener la Misa dominical, un lugar para orar con tranquilidad y un centro de catequesis.
Unos meses antes, durante la inauguración de nuestro barrio presidida por el Gobernador de la Provincia y el Director del Instituto de Vivienda de Corrientes (IN.VI.CO.), Mons. Alfonso Delgado Evers -entonces Obispo de Santo Tomé- y el P. Rubén Darío -en aquel momento Ecónomo Diocesano-, preguntaron al Gobernador y al responsable del Instituto cuál era el espacio destinado al culto en esa flamante urbanización. Fue allí que ambas Autoridades provinciales dijeron que habían quedado varios espacios libres y que podía utilizarse uno de ellos para esa finalidad y tramitar desde el Obispado los documentos necesarios. Y así se hizo. El P. Fabián Omar Reimer, entonces Vicario Parroquial de nuestra Parroquia, fue quien se encargó de seleccionar el lugar. Pocos meses después se obtuvo de la Provincia la concesión del terreno.
Movilizados por el comentario del Padre, nos juntamos un grupo de laicos para tratar de crear un mínimo de condiciones para la celebración de la Sagrada Eucaristía en aquel terreno, para inscribir los niños interesados en recibir los Sacramentos de la iniciación cristiana y para estudiar en qué forma con la ayuda de Dios se construiría una Capilla.
Y... fue duro porque no teníamos nada. Tuvimos que atravesar muchos obstáculos pero Dios siempre generoso suscitó en la gente un gran apoyo. Cada vecino prestó algo para poder celebrar la primera Misa entre aquellas casas recientemente habitadas. ¡Nunca nadie dijo “no”; al contrario, nos preguntaban: “¿…que más necesitan?” o "¿…y yo en qué puedo colaborar?”
Nos pusimos en campaña: rezábamos, le pedíamos a Dios luces y le encomendábamos los preparativos, luego preparamos unos volantes y los pegamos por todos lados. Hicimos invitaciones y las repartimos entre las familias. Un señor con su moto y un parlante recorría toda la zona anunciando la Misa. Todo tenía que estar listo para las 10 de la mañana del 16 de julio de 1995. Recuerdo cómo trabajamos esos días en que sólo teníamos mucha esperanza, fe, santa ilusión y alegría. Hasta contratamos al señor de la moto para que ese día nos ayudara con su «equipo móvil» pero avisándole que le pagaríamos sólo después de la Misa, esperando que la colecta alcanzara.
He dicho que no teníamos nada; bueno, en realidad teníamos una sola cosa: sobre el terreno, por deseo del Padre, se había plantado una cruz. Y esto, además de recordarnos cómo Nuestro Señor Jesucristo llevó a su culmen la obra de la Redención tuvo para nosotros un sentido también muy práctico: en ese entonces las calles del barrio San Martín todavía no tenían nombres por lo que todas las invitaciones se hicieron hasta en la radio y en los avisos parroquiales durante tres semanas anunciando que la celebración eucarística se realizaría «donde está la cruz». Como es lógico, todos se preguntaban: «Y ¿dónde está la cruz?» No hubo problemas, la buscaron y la encontraron. Y sin quererlo encontraron también el mensaje: «Donde está la cruz allí está Cristo… donde está la cruz Cristo está entregándose».
Y llegó una muy inusual primera donación: una campana. Los hombres la colocaron sobre unas maderas y he aquí que al tañido de la campana y en torno a la cruz se congregó la feligresía expectante. Fue algo tan lindo y para muchos nuevo a la vez porque la Misa dominical se realizó al aire libre, con todo prestado. Y ese día, como anuncio de que las cosas buenas cuestan, nos tocó una lluvia que se desató justo al dar la bendición final y todos corrimos con las cosas en las manos para refugiarnos en la casa de enfrente donde nos quedamos un largo rato, aún después que pasó el chaparrón, comentando la alegría de haber tenido la primera Misa.
Cada 15 días, si no recuerdo mal, todos los más interesados en la formación de los fieles, en la vida de piedad y en la construcción de la Capilla, nos reuníamos en una casa con el Padre para ver cómo iba la pastoral y para ponernos de acuerdo sobre los beneficios que haríamos: vendíamos locro, empanadas, pollos, rifas (¡lo bueno era que todo era donado!). También al final de la Misa algunas catequistas como Marcela, Susana, Ramona, Dorita y yo y otros fieles nos juntábamos para seguir impulsando las iniciativas que surgían.
Los elementos litúrgicos, en un primer momento, los guardábamos en la casa de la familia Benítez, en lo de Acevedo, otra parte en mi casa, y así todos colaborábamos un poco.
¡Durante todo un año se celebró la Misa a la intemperie! El P. Rubén Darío, el P. Fabián y todos no quisimos nunca suspender el Sacrificio del altar, estuvimos allí con sol, llovizna, frío, calor o viento. Era un modo humilde de unir nuestro sacrificio al de Cristo.
Pero Dios estaba «empeñado» en esto aún más que nosotros. Tanto así, que continuamente se nos «adelantaba» para que no mermáramos el paso: nos donaron una campana cuando no teníamos ni un ladrillo y luego nos regalaron un equipo de sonido no sólo antes de que tuviéramos los cimientos sino también ¡antes de que tuviéramos electricidad! Gracias a un vecino que prestaba la corriente eléctrica por un cable que tenía que atravesar la calle se lograba que la liturgia se escuchara mejor y que los Padres no se «desgargantaran» tanto los días de mucho viento en aquel descampado.
Teníamos el terreno, una cruz plantada, una campana colgada de dos maderas, un equipo familiar de sonido que nos servía de altoparlante y lo que más queríamos: la Misa dominical, pero nos faltaba saber algo: ¿cuál iba a ser nuestro Patrono? El Padre mantuvo en misterio el nombre no sólo para prepararnos sino también porque el pobre necesitaba primero conseguir la estatua. La intriga se mantuvo hasta que por fin avisó que en una Misa parroquial iban a anunciar los Patronos de las dos nuevas Capillas de Virasoro. Allí fuimos: las imágenes estaban cubiertas por un lienzo y sólo al final de la Eucaristía fue develada aquella figura angelical que inmediatamente conquistó nuestra devoción y que en esa misma tarde en una procesión muy entusiasta y fervorosa llevamos con orgullo hasta el lugar de la capilla.
A finales de año, después de la excelente experiencia tenida con la construcción de Capilla del Divino Niño Jesús de Praga a partir de los paneles de madera de una antigua escuelita de campo de Las Marías, Don Adolfo Navajas Artaza -enterado por la Parroquia y los vecinos de la necesidad de Capillas en dos barrios- decidió donar las paredes de madera y el techo de una escuela más grande que acababa de dejar de funcionar al interior del mismo Establecimiento, a fin que se pudieran levantar nuestra Capilla y la de Santa Catalina de Alejandría. La Parroquia impulsó en aquellos años estas tres Capillas de madera como respuesta rápida a una necesidad urgente de atención pastoral en los sectores más alejados. Constituían un ámbito provisorio pero digno para la acción litúrgica, la oración y la transmisión de la Fe mientras se construiría por fuera de ellas la Capilla definitiva y en material. De esta manera, se evitaba tener que esperar demasiados años para poder comenzar una labor pastoral estable.
Fue un gran esfuerzo el de aquellos hombres que con pocos medios desarmaron la estructura que había servido de escuela y llevaron todo a los terrenos donde se pensaba construir las Capillas. Una vez llegados los paneles se comenzó a correr contra el reloj: la madera estaba sobre la tierra y la lluvia incesante de esas semanas amenazaba con destruir todo. ¡Cuánta oración y trabajo de la gente! No fue fácil juntar los fondos necesarios para los cimientos donde debían asentarse las paredes de madera y menos aún la tarea de hacer esas bases, colocar los paneles y reconstruir el techo. Esos laicos, sostenidos por la Fe y apoyados por el aliento y los mates de sus esposas, al regresar cansados de su trabajo algunos y otros en los días libres o de vacaciones se ponían manos a la obra en la Capilla. Muchas veces venían los Padres a darles una bendición, a animarlos y también a ofrecerles una mano aún con sotana y todo.
Durante el verano la Capilla quedó armada y en pie. Llegó el sábado anterior a la primera Misa bajo techo: estuvimos hasta la medianoche acomodando todo, limpiando, poniendo cortinas… Había que ver las caras de impresión de las personas cuando entraban el domingo: sus miradas se dirigían hacia San Miguel Arcángel el cual al recordarles «¿Quién como Dios?» les ayudó a llenar el nuevo ambiente sagrado con profundo recogimiento y piedad.
Mientras se iba colocando el piso, la electricidad, el agua, etc. ya se buscaba alguien que hiciera el altar, el atril, el confesionario, los bancos... Recuerdo la simpática anécdota del altar: el Padre encargó a unos feligreses de nuestra Capilla muy bien dispuestos y laboriosos que confeccionaran el altar de madera siguiendo las características del que se había realizado para la Capilla del Niño Jesús de Praga. Pues bien, lo hicieron tal cual se había pedido menos en un detalle: la altura, era bastante más alto; tal vez, para poder competir con la otra Capilla. El caso es que cuando vino el Padre para celebrar la Eucaristía ¡quedó casi escondido detrás de un altar tan alto!
La feligresía de la Capilla de San Miguel Arcángel fue continuamente creciendo. Durante la semana había el rezo del Santo Rosario, catequesis, encuentros… Con el transcurrir de los meses se fue consiguiendo darle un verdadero aspecto de lugar de oración y acondicionar tanto su acceso como su interior.
En poco tiempo Dios hizo que nuestra querida Capilla se quedara chica llenándola de fieles: así, Él se nos «adelantó» nuevamente para seguir impulsando nuestros pasos.
(Relato de Noemi Insaurralde de Marquez)
En un día como hoy pero hace exactamente 14 años nos reunimos los vecinos del Barrio San Martín, haciéndonos eco de una invitación que nos sorprendió en la tarde del sábado, con papalitos pegados en los postes de teléfono del barrio. En ellos se podía leer algo así: «Nos reuniremos mañana a las 10 hs. donde está la Cruz para celebrar la Primera Misa en el Barrio». Una gran alegría inundó nuestros corazones, y obviamente allí estuvimos expectantes y ansiosos.
Antes se seguir y a modo de anécdota, quiero contarles algo que nos pasó a muchos de los que no estábamos en la organización. Luego de leer la invitación nos preguntamos: «Y ¿dónde está la Cruz?». Tuvimos que salir a recorrer el barrio y a consultar con los vecinos para encontrarla. A la Cruz la hallamos clavada bien en la esquina, casi sobre la vereda de lo que es hoy la Capilla San Miguel Arcángel, cerca de los escalones.
El domingo 16 de julio de 1995, en el predio del Centro Pastoral a las 10 hs. alrededor de 30 personas nos reunimos para escuchar la Palabra de Dios y revivir el Misterio de la Eucaristía gracias a la presencia de nuestro queridísimo Padre Rubén Darío Ruiz Mainardi, motor que impulsó el proyecto de los Centros Pastorales de la localidad, en ese entonces nuestro Párroco.
Se desarrolló la Santa Misa de modo campestre ya que no teníamos nada, de nada. Bueno, a decir bien nada material; todo era prestado, partiendo desde la mesa que ofició de altar, el atril, los libros, el copón, los candeleros y los utensilios necesarios para la celebración. Lo único alquilado era el equipo de audio “móvil” con micrófono, se trataba de un señor que vino a Misa en una moto, y todos lo mirábamos atentamente porque se ubicó al lado del altar; en la moto tenía instalado un parlante grande y una cajita de madera que en su interior se encontraba una consola de sonido. Su costo era de $5 pesos y lo abonamos con lo que se juntó de la colecta. Les repito no teníamos nada, pero con mucha fe pensábamos “Dios proveerá”, y así fue.
Recuerdo con el pecho henchido de gozo, que ese día salió el sol bastante tenue, sus rayos apenas asomaban, había muchísimo viento sur frío, el mantel que cubría la mesa del altar volaba al igual que los ornamentos del Padre. Pero eso no fue un impedimento para que la Santa Misa se desarrollara con total normalidad ya que estábamos firmes en nuestros lugares, con nuestros pies sobre el césped húmedo por el rocío de la noche anterior.
Al momento de la despedida, cuando el Padre Rubén Darío terminó de darnos la bendición comenzó a caer la lluvia. Entonces el Padre nos dijo: “Son las bendiciones que desde el cielo nos envía la Virgen en su día”.
Luego, entre que corríamos a guardar las cosas en la casa de un vecino, no dejábamos partir al Padre, todos queríamos agradecerle, consultarle si continuarían las Misas y lo más importante cómo podíamos ayudar para que este hermoso gesto de amor a Dios no se terminara. Fue entonces que el Padre nos invitó a una reunión que se realizaría ese mismo día en la casa de la familia Ramírez Maidana, a la asistimos y así comenzó nuestro trabajo junto a los que nos precedían en el Centro Pastoral, que en ese momento no sabíamos qué nombre llevaría.
Bueno, por uno u otro motivo nunca pudimos realizar una Misa en San Miguel para conmemorar ese día tan especial, teniendo en cuenta que todo comienzo es bueno tenerlo presente. Tal vez, el año que viene podamos realizar una gran Misa para festejar los primeros 15 años desde que la Santa Misa se celebra todos los domingos en nuestro barrio.
Gracias por leer mi relato que lo comparto con gran emoción, porque hemos pasado muchas cosas buenas trabajando para el Señor en esta Capilla, con muchos logros tanto espirituales como materiales.
¡Que San Miguel Arcángel nos proteja de todo mal!
(Relato de Gregorio Caceres)
Quiero compartir con ustedes mi vivencia en ese lugar donde hoy es conocido, en nuestra comunidad, como la Capilla San Miguel Arcángel.
Cuando en aquella oportunidad, los habitantes del Barrio San Martín, estábamos recibiendo las llaves de nuestras casas, el Párroco Rubén Darío, gestionaba y les decía a los responsables del INVICO, que ese nuevo barrio debería contar con un espacio físico, donde se destine a lugar de Culto donde los Católicos podamos compartir la Santa Misa y nuestros hijos reciban la Catequesis. Lo primero que hizo el sacerdote, fue convocar a las catequistas que el ya las conocía, desde el barrio teal, ya que la mayoría de los nuevos vecinos proveníamos de ese lugar, en esa reunión se organizó como y donde comenzar con la catequesis, por supuesto que se comenzó de forma provisoria en una casa gentilmente prestada por la familia de Vicente Acevedo, luego se consiguió lo que hoy es el destacamento policial, el lugar era incomodo, muy chico, los baños, etc. ha provocado en las catequistas una reacción por la cual el Párroco, convoca a una reunión urgente para formar una comisión.
En esta reunión donde estábamos varios vecinos, las catequistas, algunos esposos de las mismas y el Padre Rubén Darío se decide formar lo que más adelante se llamaría COMISION PRO CAPILLA BARRIO SAN MARTIN.
En esta reunión estaban presentes dos personas a las cuales siempre admire y recuerdo, por su entrega, por su predisposición a pesar de sus edades, Doña Nélida Rodríguez y su hermana, fueron las que hicieron mucha fuerza en la oración para que esto sea lo que es ahora.
También quiero recordar a esa Catequista que dejo todo, en los comienzos de nuestra Capilla, esa que se encargaba de preparar todo, las reuniones, el altar, el mantel, los copones, los libros, etc.
Esa mujer, que en lo personal, me ha dejado, con su ejemplo, lo que es ser un Laico Comprometido, es dejar todo por Cristo a pesar de… por que ella realmente antes de partir a la casa de nuestro Padre Celestial, el poco tiempo que estuvo con nosotros en nuestra Capilla, nos demostró. Es por eso que siempre la tengo presente a MARCELINA ACEVEDO, y aprovecho para pedirles que la recuerden por que ella es una parte importante de lo que hoy es la COMUNIDAD DE SAN MIGUEL, todo se gesto a través de su persona, de ese sacrificio que en su momento ella supo realizar.
Les sigo contando, lo que sucedió en esa reunión, en la casa de la familia Ramírez, se da inicio de la reunión a través de la invocación al Espíritu Santo, a través del Padre Rubén Darío luego el nos cuenta en una breve reseña, lo que era su intención o nos hace ver la necesidad, de lo que era tener un lugar donde la comunidad se encuentre con Dios y quiero confesarles que yo a esa reunión hice todo lo posible para no ir, porque siempre le decía a mi esposa, catequista ella, que la misa y todo lo relacionado con la Iglesia, era para los viejos o para las mujeres, que eso no era para mi, yo le decía que a esa reunión iría a perder el tiempo.
Pero miren como son las cosas del SEÑOR, en esa reunión se tenia que elegir una comisión, fue grande mi sorpresa cuando el Sacerdote comienza a pedir nombres para formarla, primero se eligió al presidente, y la verdad que nadie se animaba a ocupar ese lugar, pero de pronto alguien dijo -“yo propongo que sea Cáceres” y no faltaron los que dijeron -“si que sea el” sinceramente no entendía nada de lo que estaba pasando, por que justamente pensaba que esto, no era para mi, lo que no sabia es que DIOS era quien me estaba llamando a través de estos hermanos míos. Fue en este momento que comenzamos a trabajar juntamente con un grupo de vecinos, para poder tener el espacio que las Catequistas necesitaban para sus encuentros y para poder compartir la Misa los domingos.
A transcurrido un tiempo en el cual tuvimos que arreglarnos de una u otra forma hasta que un sábado por la tarde, estando en mi trabajo, me llaman por teléfono y me dicen que un señor quería charlar conmigo, me piden que cuando salga pase por su casa que el tenia algo que mostrarme algo que le podía interesar a la gente del barrio San Martín, mas aun los de la comisión.
Y así fue que salí a las 19 horas y fui a la casa de este buen hombre el estaba con sus nietos y me dice - espérame un ratito que ya vamos, al rato sale y nos dirigimos al lugar donde estaba emplazado lo que él quería regalarnos, por supuesto me emocione mucho, después me dice -vamos a Virasoro, al barrio San Martín. Cuando estábamos en el barrio, me pregunta -¿Que terreno quieren para levantar lo que piensan construir? mas emocionado todavía, le dije que me gustaba y que estaba seguro que al resto del grupo también les gustaría, era el lugar preciso donde se celebro la Primera Misa.
Luego de mostrarme todo esto, me dice, lo antes posible comiencen a trabajar, este hombre también es otra de las personas a quien estaremos eternamente agradecidos y pedirle a Dios que lo bendiga a El y toda su familia me estoy refiriendo a Don Adolfo Navajas Artaza.
Recuerdo que varios sábados y domingos he tenido que golpear las puertas de los vecinos, para pedirles que nos ayudaran a desarmar y traer lo que era el Jardín Bichito de Luz, de la Escuela Victoria.
Después que trajimos todo las estructuras de maderas, comenzamos a construir nuevamente el edificio, lo que yo siempre le dije, con mucho amor, por supuesto, EL RANCHO.
Hasta ese momento teníamos asignado un Santo Patrono, pero en una reunión, de los martes, llega el padre y nos dice que tiene que darnos un anuncio importante, la noticia era que ya estaba designado un Santo para nuestra Capilla, pero no se iba a dar a conocer hasta el día en que esa imagen sea descubierta y bendecida en una misa, en la Parroquia San Antonio. Luego de compartir la Eucaristía en esa misa, el Padre Rubén Darío, invita a las catequistas a descubrir la imagen del Santo, se realiza la bendición y nos entrega el Patrono de nuestra Capilla que a partir de ahí pasaría a llamarse Centro Pastoral San Miguel Arcángel.
Mas arriba Noemi hace alusión de las grandes bendiciones que hemos recibido a lo largo de este tiempo, en nuestra querida Capilla San Miguel Arcángel y la verdad que ella tiene mucha razón por que ese lugarcito que eligió el SEÑOR para estar con nosotros, por que en ese lugar e tenido la oportunidad de conocer el AMOR DE CRISTO hacia nosotros, a través de ese mandato que El nos dejo “AMENSE LOS UNOS A LOS OTROS, COMO LOS HE AMADO YO”.
Nota:
Las personas que quincenalmente hacemos el boletín LA VOZ DE SAN MIGUEL quisimos con esta edición especial adherir al festejo del Patrono del barrio y de la Capilla San Miguel, intentamos reflejar aquí la importancia del esfuerzo de toda la gente que participó y/o participa y trabaja para que la Capilla primero se levante y luego se mantenga tal como se manifiesta en los relatos de las personas que estuvieron desde el inicio mismo, relatos que tuvieron desde La Habana (Cuba) el aporte distintivo del Padre Rubén Darío Mainardi quien además fue uno de los protagonistas importantes para la creación de nuestra Capillla.
Confeccionar el boletín no es tarea sencilla, pero la devoción hacia San Miguel y a Jesús nos lleva a hacerlo con total responsabilidad y al mismo tiempo con mucha alegría cada vez que tenemos terminada una edición en la cual intentamos no solo informar sino también formar y transmitir la Palabra de Dios.
Nada nos resulta fácil, como no resultó fácil que la capilla hoy sea una realidad, todavía tenemos muy presente el dolor que causo a todos la profanación de la que fuimos victimas todos el día 03 de julio 2009, hecho lamentablemente histórico y gravísimo, donde quedo manifestado la presencia del maligno y la forma que utiliza a personas para llevar adelante su cometido que es intentar destruir todo lo que rodea a Dios y sus Ángeles, ese hecho maléfico marcó un antes y un después en la historia de la Capilla porque si la intención era destruir lo único que logro fue que toda la comunidad católica se volcara con la fuerza de la oración a manifestar su desagravio, como quedó demostrado en la Misa de reparación eucarística llevada a cabo en la Capilla.
Desde ya agradecemos a mucha gente por la ayuda valiosa.